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Los líderes de la ONU cuestionan si la organización mundial aún puede cumplir su cometido
Los discursos pronunciados en la última Asamblea General dejaron al descubierto una creciente frustración con la estructura, la autoridad y la capacidad de la ONU para abordar las crisis mundiales.
Los líderes de la Asamblea General de las Naciones Unidas han aprovechado el debate de este año para cuestionar la eficacia de la organización, argumentando que un sistema creado después de la Segunda Guerra Mundial tiene dificultades para gestionar los problemas compartidos de hoy.
The Independent, basándose en informaciones de Associated Press, señaló que más de 150 discursos volvieron repetidamente a la misma tensión: los gobiernos quieren cooperación internacional, pero muchos ya no creen que la ONU sea capaz de proporcionarla. El tema oficial de la reunión era restablecer la confianza, pero las intervenciones de los líderes nacionales sugirieron que la confianza en la organización está gravemente debilitada.
Las preguntas sobre la relevancia de la ONU procedieron de países de distintos tamaños y orientaciones políticas. La ministra de Exteriores de El Salvador, Alexandra Hill Tinoco, preguntó si la organización seguía siendo relevante. Otros oradores describieron un mundo marcado por el conflicto, la desconfianza, la influencia desigual y una aparente incapacidad para convertir los acuerdos en acciones.
El debate importa porque la ONU fue creada para evitar que se repitiera el tipo de conflicto mundial que había devastado el mundo en 1945. Su promesa central es que los países pueden abordar los problemas colectivamente, en lugar de depender únicamente de la fuerza militar o de las decisiones de los Estados más poderosos.
La cooperación choca con el control nacional
El principio que está en el centro de esa promesa es el multilateralismo: los países comparten la responsabilidad de los desafíos que atraviesan las fronteras. El cambio climático, las pandemias y la inteligencia artificial se encuentran entre los problemas que ningún gobierno puede gestionar plenamente por sí solo. Sin embargo, el sistema internacional fue diseñado para una época anterior, antes de que estos problemas adquirieran tanta importancia.
Muchos gobiernos apoyan la cooperación en principio, pero al mismo tiempo insisten en que su soberanía debe seguir protegida. Los discursos de países como Corea del Norte y las Islas Marshall ilustraron esa contradicción. Los Estados quieren tener una voz igual en las decisiones que les afectan, pero también temen la injerencia externa, la dominación o la pérdida de control sobre las políticas nacionales.
Ese conflicto es especialmente visible en Estados Unidos, donde el presidente Donald Trump ha adoptado un enfoque abiertamente confrontativo hacia la ONU. En la cultura política estadounidense, las instituciones internacionales pueden presentarse como amenazas a la independencia nacional y a la libertad individual. Otros países, especialmente aquellos con historias de invasión, guerra o control extranjero, comparten parte de esa preocupación.
Al mismo tiempo, resulta cada vez más difícil descartar los argumentos prácticos a favor de la colaboración. Los países con recursos limitados no pueden abordar por sí solos el aumento de las temperaturas ni el rápido desarrollo de la IA. El artículo informó de que la cooperación en materia de IA ocupó un lugar destacado en los debates de este año, aunque China y otros países también subrayaron que los gobiernos deberían conservar el derecho a determinar sus propios enfoques.
La demanda de un sistema colectivo más sólido ha aumentado desde la pandemia de COVID-19, cuando muchas reuniones diplomáticas pasaron a celebrarse en línea. Los Estados insulares han sido especialmente contundentes. Argumentan que las decisiones tomadas por las potencias más grandes pueden determinar su futuro, mientras que ellos tienen una influencia demasiado limitada sobre las decisiones en cuestión. El aumento del nivel del mar y el calentamiento de los océanos hacen que este desequilibrio sea una preocupación existencial, y no simplemente una queja diplomática.
Presión para cambiar el Consejo de Seguridad
Las críticas más contundentes se dirigen al Consejo de Seguridad de la ONU, el órgano que concentra la autoridad decisiva de la organización. Cinco países —Estados Unidos, Rusia, Reino Unido, China y Francia— ocupan puestos permanentes desde que se creó el consejo. Cada uno puede bloquear una decisión mediante un veto, mientras que los demás miembros ejercen mandatos rotatorios y no pueden impedirla.
Para muchos gobiernos, ese sistema ya no refleja la distribución de la población, la importancia política o la vulnerabilidad en el mundo moderno. Los miembros permanentes recibieron su estatus privilegiado al final de la Segunda Guerra Mundial; los críticos afirman que la estructura se ha mantenido prácticamente congelada mientras los desafíos mundiales y las relaciones de poder han cambiado.
Los pequeños países insulares buscan una presencia permanente en el consejo y sostienen que su exposición al cambio climático debería darles una voz permanente en las decisiones que afectan a la seguridad internacional. El primer ministro de las Islas Salomón, Matthew Wale, calificó el veto de obsoleto. El presidente chileno, José Antonio Kast, también sostuvo que los países no deberían seguir operando bajo unas reglas diseñadas para 1945.
Los gobiernos africanos han defendido un argumento similar a favor de una representación permanente. África cuenta actualmente con tres puestos rotatorios en el consejo, pero sus líderes quieren dos puestos permanentes, incluidos derechos de veto. El ministro de Exteriores de la República del Congo, Constant-Serge Bounda, afirmó que el continente no debería seguir excluido de las decisiones que configuran su futuro.
De los discursos a los resultados
Las quejas no equivalen a un rechazo de la ONU en sí misma. Los oradores siguieron respaldando el ideal de la organización de que las naciones trabajen juntas y traten a los países como iguales políticos. Su frustración se dirige a la distancia entre ese ideal y el desempeño de la institución.
Por tanto, la demanda reiterada no era simplemente la de más debate. Los gobiernos quieren reformas que den a los Estados más pequeños y a las regiones infrarrepresentadas una mayor influencia, al tiempo que preserven la capacidad de responder eficazmente a las crisis internacionales.
Según informó The Independent, la impresión final de la reunión fue que aprobar el propósito de la ONU ya no es suficiente. Muchos líderes creen que la organización debe demostrar que la cooperación puede producir decisiones y resultados prácticos, en lugar de otra ronda de declaraciones sobre la necesidad de alcanzarlos.