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El apoyo a la salud mental antes de una cirugía mejora la recuperación de los adultos mayores

Un ensayo de la Universidad de Washington reveló que el asesoramiento y la revisión de los medicamentos redujeron la ansiedad y la depresión después de una cirugía mayor en adultos mayores de 60 años.

Un ensayo clínico dirigido por investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington reveló que los adultos mayores presentaban menos síntomas de ansiedad y depresión después de una cirugía mayor cuando recibían apoyo para la salud mental y una revisión de los medicamentos potencialmente riesgosos antes de la operación.

Los resultados, difundidos por medicine.washu.edu y publicados el 9 de septiembre en JAMA Network Open, sugieren que la atención emocional y la gestión de los medicamentos podrían convertirse en parte de la preparación habitual para una cirugía. La intervención comenzó antes de la operación y continuó después, combinando orientación telefónica con la ayuda de farmacéuticos y médicos.

En el estudio participaron 306 personas de 60 años o más que se preparaban para operaciones cardíacas, relacionadas con el cáncer u ortopédicas en hospitales del sistema BJC HealthCare. Los participantes que dieron positivo en las pruebas de ansiedad o depresión de leve a moderada fueron asignados aleatoriamente a un grupo de intervención o a un grupo de control.

Un enfoque más amplio para la preparación quirúrgica

Ambos grupos recibieron información escrita sobre atención plena, sueño y salud cerebral. El grupo de control se basó únicamente en esos materiales, lo que reflejaba el enfoque habitual para preparar a los pacientes para una cirugía.

Quienes fueron asignados a la intervención recibieron entre ocho y 12 conversaciones telefónicas con un coach de bienestar. Los coaches eran profesionales capacitados en salud mental, incluidos trabajadores sociales y consejeros de salud mental. Cada participante también se sometió a una evaluación individualizada de sus medicamentos, realizada por farmacéuticos y médicos, quienes procuraron ajustar o eliminar los fármacos que pudieran representar riesgos innecesarios.

Tres meses después de la cirugía, el grupo de intervención mostró una reducción de los síntomas de depresión y ansiedad entre 2,2 y 2,5 puntos mayor que la mejoría del grupo de control en una escala de 48 puntos. La diferencia fue mayor entre las personas sometidas a una cirugía por cáncer: sus puntuaciones fueron casi cinco puntos más bajas que las de pacientes comparables que solo recibieron materiales educativos.

Los pacientes también respondieron favorablemente al apoyo adicional. Informaron experiencias positivas tanto con los profesionales de bienestar como con los farmacéuticos que participaron en la revisión de sus recetas.

Joanna Abraham, primera autora del estudio y profesora del Departamento de Anestesiología de WashU Medicine, dijo que pacientes y profesionales clínicos consideraron que el programa era manejable y compatible con las rutinas quirúrgicas existentes. Sostuvo que la atención proactiva de la salud mental puede incorporarse sin imponer una carga excesiva a los hospitales.

Por qué importan la ansiedad, la depresión y los medicamentos

Una cirugía mayor puede ser exigente a nivel físico y perturbadora a nivel emocional. Entre los adultos mayores de Estados Unidos que se preparan para una cirugía, hasta el 33% presenta depresión y el 22% presenta ansiedad, según el artículo difundido por medicine.washu.edu.

Estos problemas pueden agravarse durante el periodo quirúrgico e interferir con la recuperación. Sin embargo, la atención perioperatoria convencional —el tratamiento proporcionado antes, durante y después de una operación— generalmente ha puesto el énfasis en la recuperación física. Por ello, el malestar emocional puede no identificarse ni tratarse.

El uso de medicamentos añade otra preocupación. Los adultos mayores suelen tomar varios fármacos que afectan al cerebro, incluidos sedantes, relajantes musculares y somníferos sin receta. Si esos medicamentos no se reevalúan con regularidad, pueden contribuir a la somnolencia, la confusión y las caídas. El artículo también señala que los medicamentos que conllevan mayores riesgos pueden aumentar la probabilidad de confusión después de la cirugía, caídas graves y dolor físico persistente.

Eric J. Lenze, autor principal del estudio y director del Departamento de Psiquiatría de WashU Medicine, dijo que preparar la mente y el cerebro merece la misma atención que preparar el cuerpo. Señaló que, para muchos pacientes quirúrgicos, el objetivo es disfrutar de una mejor calidad de vida después de la operación, y que abordar la salud emocional y la seguridad de los medicamentos puede ayudar a alcanzar ese objetivo.

Un modelo que requiere una colaboración más estrecha

El ensayo se llevó a cabo a través del Centro de Salud Mental Perioperatoria de WashU Medicine, creado para incorporar un tratamiento integral de salud mental y la optimización de los medicamentos a la atención quirúrgica habitual. Su enfoque depende de la cooperación entre los equipos de psiquiatría, anestesiología, farmacia y otras áreas clínicas.

Esa coordinación puede exigir que los hospitales superen el modelo en el que las distintas especialidades trabajan de manera independiente. Michael S. Avidan, codirector del centro y profesor de anestesiología en WashU Medicine, dijo que los modelos perioperatorios actuales no satisfacen suficientemente las necesidades de salud mental de los adultos mayores.

Los investigadores afirman que los resultados ofrecen un modelo práctico que podría ser adoptado por sistemas hospitalarios de otros lugares. El estudio no presenta el asesoramiento y la revisión de los medicamentos como sustitutos de la preparación física; en cambio, los incorpora al proceso establecido para que el bienestar psicológico de los pacientes y los riesgos relacionados con los medicamentos se tengan en cuenta junto con sus necesidades quirúrgicas.

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