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Instan a Nigeria a utilizar su condición de potencia intermedia en un mundo cambiante
Un análisis del Belfer Center sostiene que Nigeria puede promover los intereses africanos mediante alianzas flexibles, al tiempo que aborda las limitaciones internas en materia de seguridad y gobernanza.
Nigeria cuenta con los recursos y la influencia regional necesarios para desempeñar un papel más importante en un sistema internacional que se aleja del predominio de Estados Unidos, según un análisis publicado por el Belfer Center. El texto presenta al país como una potencia intermedia cuyas decisiones podrían influir tanto en los asuntos africanos como en la gobernanza mundial en general.
El análisis sostiene que la vía más eficaz para Nigeria consiste en combinar sus prioridades nacionales con una red más amplia de relaciones entre potencias intermedias. Este enfoque permitiría a Abuja trabajar con distintos socios a medida que se intensifica la competencia mundial, en lugar de depender de una única alineación. Sin embargo, su capacidad para hacerlo dependerá en gran medida de si logra reducir los problemas internos que limitan su alcance.
Un sistema mundial en transición
El periodo posterior a la Guerra Fría dio lugar a un mundo dominado por Estados Unidos, pero el Belfer Center afirma que ese orden se ha ido debilitando. La expansión económica y las ambiciones de liderazgo internacional de China, el renovado peso militar y político de Rusia y el creciente activismo de países como India, Brasil, Turquía, Arabia Saudita y Sudáfrica han contribuido a este cambio.
Estos acontecimientos están dando lugar a un entorno más disputado y multipolar. Las instituciones internacionales están sometidas a la presión de demandas contrapuestas, mientras los gobiernos afrontan problemas que ninguna gran potencia puede resolver por sí sola, entre ellos el cambio climático, el terrorismo, la pobreza, la desigualdad y las pandemias.
Este contexto brinda a las potencias intermedias un papel potencial que va más allá de su tamaño individual. Países como Nigeria pueden ayudar a conectar bloques enfrentados, negociar a través de divisiones geopolíticas e impulsar reformas que reflejen los intereses de las regiones en desarrollo. El análisis afirma que las potencias intermedias quieren ser tratadas como socios estratégicos, no como Estados cuyas opiniones solo se tienen en cuenta después de que se hayan tomado las decisiones.
La importancia de Nigeria comienza por su posición en África. Es el país más poblado del continente y se lo describe como la principal economía de África. Se cita al Fondo Monetario Internacional, que proyecta que el producto interno bruto de Nigeria superará los 377.370 millones de dólares en 2026. El país también cuenta con una importante red militar y diplomática, lo que le permite proyectar su influencia más allá de sus fronteras.
Alcance regional y capacidad desaprovechada
Nigeria ha desempeñado un papel destacado en la Comunidad Económica de los Estados de África Occidental, la Comisión de la Cuenca del Lago Chad y la Unión Africana. También ha tenido una participación prominente en las operaciones de mantenimiento de la paz y los esfuerzos de seguridad colectiva en África y otras regiones. Su liderazgo regional fue especialmente visible en las operaciones de la CEDEAO en Liberia y Sierra Leona, donde las intervenciones lideradas por Nigeria ayudaron a poner fin a las guerras civiles, pese a las propias dificultades económicas que atravesaba el país en ese momento.
La demografía y la geografía aumentan el potencial de Nigeria. Las proyecciones demográficas indican que podría convertirse en las próximas décadas en el tercer país más poblado del mundo, detrás de India y China. El país también es considerado el octavo del mundo por superficie. Aproximadamente el 76,2 % de su territorio está clasificado como apto para cultivos permanentes y pastizales, una proporción sustancialmente superior al promedio de otros ocho grandes países africanos incluidos en el análisis.
Estas ventajas podrían respaldar un papel importante en la seguridad alimentaria africana y los mercados mundiales. Nigeria posee importantes recursos petroleros, gasíferos y agrícolas, además de una población numerosa y capacitada. Sin embargo, el Belfer Center advierte que los recursos por sí solos no pueden convertir el potencial en una influencia duradera. Su valor depende de la eficacia de las instituciones, la seguridad y la gobernanza.
La violencia sigue siendo un obstáculo importante. El análisis señala el terrorismo en el noreste y partes del noroeste, los enfrentamientos entre pastores y agricultores en el centro-norte y el suroeste, y la actividad separatista intermitente en el sureste y algunas zonas del sur-sur. Estas presiones debilitan la capacidad del Estado para aprovechar plenamente su potencial económico y agrícola.
Del no alineamiento a las alianzas flexibles
La historia de Nigeria muestra que los objetivos políticos internos pueden moldear su política exterior. Después de la guerra civil, una visión nacional más asertiva coincidió con una postura exterior más firme. El país adoptó la reciprocidad mutua como principio de política exterior y, durante el liderazgo del general Murtala Muhammed, presentó a África como capaz de determinar su propio futuro. Los papeles de Nigeria en la OPEP y el Movimiento de Países No Alineados reforzaron ese enfoque.
Ese activismo contribuyó a impulsar la creación de la CEDEAO y a establecer la Unión Africana. Nigeria también promovió la idea de que las potencias intermedias debían cooperar en la búsqueda de un sistema internacional más justo y estable. Las propuestas de un concierto de potencias intermedias y de una Organización del Tratado del Atlántico Sur reflejaban la ambición de asegurar una voz africana más fuerte en un orden multilateral reformado, aunque la propuesta del concierto no obtuvo suficiente respaldo.
El desafío actual consiste en traducir esa tradición en una forma de interacción más flexible. El análisis afirma que Nigeria está cultivando relaciones con otras potencias intermedias para gestionar la complejidad geopolítica y buscar una prosperidad y una paz compartidas. Esta es la lógica que sustenta el paso del antiguo no alineamiento a la multialineación: mantener margen para trabajar con distintos países mientras se protegen los intereses nacionales y regionales.
Para Nigeria, la oportunidad es considerable, pero no automática. Su influencia dependerá de que sus dirigentes logren combinar la ambición diplomática con mejoras internas. Si lo consiguen, el país podría reforzar su papel como potencia regional de África y como puente en un orden mundial fragmentado. Si no lo consiguen, la inseguridad y la debilidad de la gobernanza seguirán reduciendo el espacio que le ofrecen su población, sus recursos y su posición estratégica.