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El conflicto con Irán y los avances hutíes ponen en entredicho las afirmaciones de Trump ante la ONU
Donald Trump regresa a la ONU afrontando un conflicto prolongado con Irán, crecientes riesgos regionales y dudas sobre su promesa de restablecer la paz.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, regresa a la Asamblea General de las Naciones Unidas bajo la presión de una guerra con Irán que ha durado mucho más de lo que prometió, mientras que el rápido avance de las fuerzas hutíes ha abierto otra amenaza para el transporte marítimo y el suministro energético de la región.
The Jerusalem Post informa de que se espera que Trump describa su campaña militar contra Irán como un éxito cuando se dirija a los líderes mundiales en Nueva York. Sin embargo, el conflicto se ha instalado en un punto muerto inestable, con Irán aún resistiendo la presión estadounidense, su capacidad nuclear no eliminada y las reservas estadounidenses de misiles sometidas a tensión.
La crisis también ha inquietado a los aliados. Los Gobiernos europeos y asiáticos han rechazado en gran medida las peticiones de ayuda de Trump en una guerra que inició sin consultarles. El aumento de los costes del combustible y la caída de los índices de aprobación podrían convertir el conflicto en un lastre político antes de las elecciones de mitad de mandato de noviembre, cuando los republicanos defenderán su control del Congreso.
Irán aún puede tomar represalias
La anterior aparición de Trump ante la ONU tuvo lugar después de que Estados Unidos atacara instalaciones nucleares iraníes. Presentó los ataques como una acción que había destruido la infraestructura de enriquecimiento de uranio de Teherán y describió la operación como una prueba del poder militar estadounidense sin rival. Posteriormente, los expertos concluyeron que los bombardeos habían causado graves daños, pero no habían acabado de forma permanente con el programa nuclear iraní.
El presidente también se presentó como un pacificador internacional, atribuyéndose el mérito de haber puesto fin a varios conflictos y buscando reconocimiento por su historial diplomático. Los acontecimientos posteriores han hecho más difícil sostener esas afirmaciones.
Estados Unidos se unió a Israel en el ataque contra Irán el 28 de febrero, alegando que Teherán suponía un peligro nuclear inminente para Estados Unidos. Los analistas han cuestionado la evaluación de que Irán estuviera cerca de producir un arma nuclear, mientras que Irán ha negado sistemáticamente que persiga una.
No obstante, Irán ha absorbido los ataques y ha continuado tomando represalias. Los ataques aéreos estadounidenses mataron a varios altos dirigentes iraníes, pero Teherán ha atacado a países del Golfo y bases estadounidenses situadas allí. También se cree que una cantidad de uranio altamente enriquecido próxima al grado armamentístico sobrevivió a los ataques estadounidenses de junio de 2025, supuestamente enterrada fuera del alcance de los bombardeos.
La Casa Blanca sostiene que Trump alcanzó sus objetivos. La portavoz Anna Kelly afirmó que había demostrado la determinación necesaria para hacer frente a Irán, mientras que las sanciones y un bloqueo marítimo estaban dañando la economía iraní. Sin embargo, la resistencia continuada de Teherán le ha permitido conservar capacidad de presión tanto sobre el conflicto como sobre la estabilidad económica de la región.
El avance hutí amplía la crisis
La última complicación ha llegado desde Yemen. Las fuerzas hutíes han derrotado a unidades gubernamentales respaldadas por Arabia Saudí, han avanzado a lo largo de la costa del mar Rojo y han tomado islas cercanas al estrecho de Bab el Mandeb. El paso es una ruta vital para el transporte marítimo internacional y ofrece a los aliados de Irán otra vía para amenazar el suministro de petróleo.
El avance ha elevado los precios de la energía y ha dejado a Arabia Saudí en una posición más vulnerable. También ha puesto de manifiesto la dificultad que afronta Washington para proteger a sus socios en una región ya afectada por la guerra con Irán.
Trump se ha resistido a las peticiones saudíes de una acción militar directa de Estados Unidos contra los hutíes. La decisión refleja las exigencias contrapuestas a las que se enfrenta su Administración: Washington no puede aceptar fácilmente el cierre o la interrupción de otro importante corredor marítimo, pero el Pentágono ya está sobrecargado por la campaña contra Irán y quizá no quiera iniciar una nueva operación.
Funcionarios estadounidenses se reunieron con representantes hutíes en Omán el pasado fin de semana. Según personas familiarizadas con esas conversaciones, el grupo afirmó que estaba atacando a buques saudíes, pero que no tenía intención de atacar embarcaciones estadounidenses. La Administración ha dicho que su prioridad es preservar la libertad de navegación en el mar Rojo, al tiempo que anima a los Gobiernos regionales a gestionar sus propios problemas de seguridad.
Los aliados cuestionan las garantías estadounidenses
La negativa de Trump a intervenir directamente ha debilitado la confianza de los países del Golfo, según los analistas. Esas dudas ya habían aumentado después de que optara por enfrentarse a Irán pese a las objeciones de Gobiernos que temían las consecuencias de una guerra ampliada.
Estados Unidos ha acordado un alto el fuego con los hutíes en el pasado, pero la renovada fuerza del grupo ha dificultado que Trump encuentre una salida al conflicto más amplio. La guerra se ha convertido ahora en una prueba de resistencia, con Washington aplicando una mayor presión económica y Teherán utilizando su capacidad para amenazar el transporte marítimo y a los socios estadounidenses.
Trump ha ofrecido estimaciones cambiantes sobre cuándo podría terminar la lucha y recientemente ha sugerido que su conclusión podría estar cerca. Los analistas citados por The Jerusalem Post son menos optimistas y advierten de que Irán tiene pocos motivos para aliviar la presión antes de las elecciones de mitad de mandato. Al prolongar el conflicto, sostienen, Teherán puede aumentar los costes económicos y políticos para Trump y potencialmente dejarlo debilitado en su propio país.