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Trump ofrece a Xi una bienvenida ceremonial mientras se prorroga la tregua entre Estados Unidos y China
Donald Trump y Xi Jinping iniciaron una visita de alto perfil a Estados Unidos mientras Washington y Pekín prolongaban su pausa comercial y preparaban conversaciones sobre inteligencia artificial e Irán.
Donald Trump ofreció a Xi Jinping una bienvenida inusualmente personal en la Base Conjunta Andrews el miércoles, al inaugurar una visita de Estado concebida para evitar que las relaciones entre Estados Unidos y China se deterioren aún más. Está previsto que los dos presidentes hablen sobre comercio, inteligencia artificial e Irán durante tres días de ceremonias y reuniones.
La llegada estuvo cargada de simbolismo. Trump y la primera dama, Melania Trump, recibieron a Xi y a su esposa, Peng Liyuan, después de que descendieran del avión del presidente chino en el aeródromo militar situado en las afueras de Washington. Se había colocado una alfombra roja en la pista, donde una banda militar interpretó los himnos nacionales de ambos países mientras los líderes permanecían juntos.
Dos bombarderos B-1 sobrevolaron el lugar durante la bienvenida. Trump pareció sobresaltarse por el ruido, mientras que Xi mostró poca reacción visible. El presidente estadounidense también restó importancia al hecho de que Xi no le hubiera ofrecido una recepción aeroportuaria equivalente durante la visita de Trump a Pekín en mayo.
France 24 informó de que el despliegue pretende preservar un delicado periodo de calma, más que alcanzar un gran acuerdo diplomático. Este es el tercer encuentro entre los líderes desde que Trump regresó a la presidencia, y la visita ofrece a ambos Gobiernos la oportunidad de proyectar estabilidad pese a sus profundos desacuerdos.
Se prolonga la pausa comercial
El primer resultado concreto llegó de las negociaciones celebradas antes de que se reunieran los líderes. El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, dijo que Washington y Pekín habían acordado continuar su tregua comercial más allá de la fecha prevista del 10 de noviembre. El acuerdo se prolongará ahora hasta el 10 de enero.
La prórroga llega después de que el conflicto comercial se intensificara a raíz de los aranceles generalizados impuestos por Trump el año pasado. Mantener la pausa podría evitar un regreso inmediato a la escalada de aranceles y contramedidas, pero no resuelve la disputa económica más amplia entre los dos países.
La composición de la delegación de Xi también ha rebajado las expectativas de anuncios comerciales. Dos fuentes dijeron a France 24 que ningún director ejecutivo chino viajaba con él. Esto contrasta con el grupo de altos directivos tecnológicos estadounidenses que se espera que asista al banquete de Estado del jueves, incluidos ejecutivos de destacadas empresas de inteligencia artificial.
La visita incluirá una recepción formal, nuevos sobrevuelos militares, conversaciones en el Despacho Oval y el banquete de la Casa Blanca. El viernes por la mañana, está previsto que Trump y Xi tomen el té con sus esposas en la Casa Blanca antes de visitar los Archivos Nacionales, que albergan la Declaración de Independencia de Estados Unidos.
La inteligencia artificial e Irán, en la agenda
Se espera que la inteligencia artificial ocupe un lugar central en las conversaciones. Estados Unidos y China compiten por el liderazgo en un campo que ambos Gobiernos consideran estratégicamente decisivo para las próximas décadas. La tecnología también ha suscitado advertencias cada vez más serias de líderes del sector sobre la posibilidad de consecuencias catastróficas, incluidos riesgos para la supervivencia de la humanidad.
Las conversaciones preliminares del domingo entre Bessent y He Lifeng, su homólogo chino, incluyeron la posibilidad de establecer un canal directo de comunicación sobre los peligros relacionados con la inteligencia artificial. Un acuerdo de ese tipo no pondría fin a la rivalidad, pero podría proporcionar a ambos Gobiernos una vía para abordar emergencias o preocupaciones a medida que avance su competencia.
Irán será otro tema difícil. Trump confirmó que el conflicto sería objeto de debate, pese a haber desestimado anteriormente las informaciones de que Pekín había proporcionado información de inteligencia a Teherán. El asunto ha suscitado especial atención en Washington debido a las afirmaciones de que la ayuda china podría haber contribuido a que Irán planificara ataques contra tropas estadounidenses.
Las informaciones han enfurecido a los halcones contra China del Partido Republicano de Trump. Roger Wicker, presidente del Comité de Servicios Armados del Senado, sostuvo que el presidente debería recordar que Xi dirige un Gobierno autoritario y no fue elegido. Su crítica puso de relieve la tensión entre el deseo de la Administración de mantener una relación estable y la presión de los legisladores que quieren una línea más dura contra Pekín.
Ceremonia en medio de la presión interna
La magnitud de la bienvenida hace que el encuentro sea notable por derecho propio. France 24 señaló que el último presidente estadounidense que recibió a un líder extranjero en Andrews de esta manera, aparte de las visitas papales, fue John F. Kennedy en 1962. Trump sí recibió el año pasado al presidente ruso Vladímir Putin cuando descendió de su avión en Alaska, pero la recepción de Xi se presentó como un gesto especialmente elaborado.
Para Trump, la visita también ofrece la oportunidad de atraer la atención mediante la diplomacia y la ceremonia mientras afronta dificultades políticas en casa. La guerra en la que participa Irán ha elevado los precios del combustible, y su índice de aprobación ha caído a mínimos históricos a medida que se acercan las elecciones legislativas de mitad de mandato de noviembre.
Ese contexto interno, combinado con la ausencia de acuerdos comerciales evidentes y el alcance limitado del pacto comercial, sugiere que el valor inmediato de la visita podría residir menos en los acuerdos firmados que en evitar que las relaciones empeoren. Los líderes buscan mantener un entendimiento operativo mientras Washington y Pekín siguen siendo rivales en materia de comercio, tecnología e influencia mundial.